martes, 5 de agosto de 2014

Pensamientos confusos

Querido lector; El titulo es robado de una carpeta mía que tengo sobre "Pendientes" Historias que aparecieron en mi cabeza y en algún momento concretare y armaré, o simplemente reflexiones, la carpeta contiene dentro un montón de "pensamientos confusos" como da a entender el nombre que reza bajo ella.
Está carpeta es muchas veces la mayor parte de mi inspiración, es ella un reflejo extraño de mi propia mente, de mis ideas. Allí relato la escalera caracol, que sube indecisa y en redondo, que tiene un costado angosto y otro ancho, como el pensamiento: El pensamiento es un embudo. Y subimos como niños por él, corriendo. O bajamos como ancianos, lento y más lento, contando cada escalón y cada paso de bastón. Paso a paso les doy forma a mis pensamientos. Muchas veces son sin sentidos que explican todo. El otro día vi por la calle una anciana en silla de ruedas, y está se movía sola, como si manejara. Pasaba lenta por la calle, no por la vereda. Pasaba ella en su silla de ruedas. Y los autos reclamaban su puesto pasando por sus lados, y ella avanzaba lenta. Pasaba ella en su silla de ruedas. Y vi como se quedaba atrás por mi ventanilla. Pasaba yo sentada detrás del auto de mi padre. Y hay veces que me siento una anciana en la calle siendo rebasada por los autos. Pasaba yo en mi silla de ruedas. Pasaba ella en el auto de su padre. Porque en está vida todo es relativo. Pasaba yo en su silla de ruedas, pasaba ella en el auto de mi padre. Porque ¿Quienes somos? Quizás seamos un todo y la silla sea nuestra y el auto de los nuestros. Pasábamos en nuestras sillas de ruedas, pasábamos en el auto de nuestro padre. A fin de cuentas, no importa quien viaje más rápido pues todos somos imprescindibles, y en está carrera sin fin el más lento puede llegar antes a la meta. Y mis pensamientos confusos carecen de forma porque no quieren llegar a ninguna parte, más que a una conclusión inexistente que los marea y confunde más. Vivimos en un laberinto donde no importa si viajamos en silla o en auto pues todo estamos igual de perdidos. Lo importante no es cómo pasamos, si no no dejar de pasar.
Pasaba una silla de ruedas vacía, pasaba un auto sin padre ni madre.
Pasaba un yo que no existe en vida.
Pasaba la vida en un cochecito llorando porque la muerte no la quería amamantar.

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