domingo, 8 de junio de 2014

Fin

Querido lector; Nunca le pongo fin a mis relatos, cuentos o novelas. No se confunda, no es que no las terminé,simplemente no les agrego la palabra, no las remato, no asesino el texto con la simpleza de esté monosílabo "Fin": Compuesto de tres letras simplemente es la muerte del relato, es su tumba, su mausoleo. Esta entrada ya está muerta, pues su titulo simplemente lo dictamina, y he aquí su fantasma, lo que viene luego de la palabra.
Me es muy complicado cerrar las historias sin dejar lugar a una posible apertura, tanto en lo escrito ficcional como lo que voy escribiendo en mi vida, es así como cruzándome con aquel chico de jardín sigo teniendo sobre el un signo de pregunta inconcluso, o cuando veo una rama sigue siendo una varita mágica, no le he puesto fin a mi infancia. Y es que existe ese punto muerto, la historia ha acabado y no tiene continuación, ni proyecto a continuación, pero no la remato, nunca dejo fantasmas de historias. Yo no pongo finales, espero que la vida los ponga, y la vida es como yo, la vida no marca el último punto, este lo pone la muerte, y por ello la muerte es temida.
Nadie quiere los puntos finales, todos son amigos de las sagas, las continuaciones. Pero sencillamente hay historias que si siguen se arruinan y hay que acabarlas, hay que sentenciarlas con la palabra, cual verdugo, para que no se echen a perder.
Tanta es la importancia del fin, tal es la importancia de la muerte, tanta es su importancia, tan temidos, y siempre dejan ese sabor agridulce de una buena historia conclusa. Pero me cuestan tanto poner esos puntos, no deseo sentenciar a nadie, pero como ya lo he hecho creo que matare este texto, mataré el fantasma de este texto como se mata a cualquier ser inocente, porque esto no puede seguir eternamente.
Fin. (por ahora)

No hay comentarios:

Publicar un comentario