sábado, 31 de mayo de 2014

Blanco sobre negro.

Querido lector, ¿Alguna vez ha usado una prenda reiteradas veces, sin importar lo estropeada que esté?
Tengo un conflicto grave con mi madre, un choque de ideologías bastante profundo. Verá usted que soy persona con educación incompleta y a la que le falta mundo, pero, tengo bastante seguros mis diez en introducción a la psicología, y un dato que te dan como fundamental, es que la adolescencia (no en otra etapa) se basa por el ¿Cómo me ven?  y ¿Cómo me veo? estas dos preguntas marcan, sin lugar a dudas, el correr de los días en el existir del adolescente occidental. Pero yo de alguna manera extraña, he esquivado bastante satisfactoriamente este complejo, o al menos, prefiero que me vean como una persona pensante y no superficial, por lo que tiendo a descuidar mi imagen física. Para mí, y mi cuadro mental, está idea es positiva, no me importa realmente lo que piense la gente de mis zapatillas, y si se quedan hablando de ellas cuando me voy. La idea de no poder usar una remera por estar algo estropeada siendo que está entera y cumple realmente su función,es para mi inconcebible. Además, la remera en cuestión quería ser utilizada para ir a entrenar en un gimnasio, para transpirar, sudar, manchar, por lo que debe ser cómoda no hermosa.
Pero al parecer, sus manchas blancas sobre el negro hacen que la pobre sea impresentable ante el mundo, (debería ser  quemada viva por sus fechorías, ¿no creen? ¿Como se atreve a seguir siendo útil estando manchada? ).
Ella se fija bastante en estás cosas, me regaña por ir mal arreglada, despeinada, sin maquillar, siendo como soy a la mañana, así soy todo el día, impresentable, impresentable, impresentable.
Tengo bien claro que lo hace con buenas intenciones, en su caótico mundo hay que estar "presentable" y quiere evitarme que mis compañeros en edad hablen mal a mis espaldas, el tema aquí que no entiende es  fundamental: No me importa.
No estoy diciendo ser especial, como cualquier adolescente y como dice la psicología mi vida está marcada por preguntas de "¿Cómo me veo?" o de ese estilo, pero el tema está en la importancia que le doy a esa pregunta. A nadie debería molestarle las manchas blancas en el gimnasio, distinto fuera si me presentara desagradable, con mal aliento, mal olor, transpirada y grasosa, pero mi remera no está sucia, mi remera está manchada. Porque vivió y le quedaron marcas.
No me malentienda, mi familia no es superficial para nada, por eso mismo hacen tambalear mis ideas, pero hay muchas veces que pienso que mi madre tiene el complejo adolescente, y como ve que yo no lo poseo quiere crearlo para mi, como un piensa en esto en vez de aquello, deberías pensar más en salir con una remera decente, depilada, y por dios, que estás impresentable, intentando defenderme me daña, sin ser malintencionada muchas veces me baja el autoestima, tan inestable en está etapa.
Claro que no lo dice así, claro que lo dice sutil, claro, pero es molesto igual y no responderé dulcemente nunca a estas observaciones bonachonas que traen consigo ideales que a mi no me interesan.

viernes, 30 de mayo de 2014

El cajón de un escritor.

Querido lector, nunca comenta tal fechoría, nunca juegue de esa manera, nunca, pero nunca, y prometalo, nunca abra el cajón de un escritor.
Pasando sobre las consecuencias psicas-emocionales que podría causarle el profanar esos secretos manuscritos, si no concentrándonos en que lo que está haciendo, de manera tan sencilla, es destrozar al escritor. No ose cambiar de lugar un papel de la mesita de luz de un creador de historias sin tener como objetivo recibir gritos y lagrimas de este.
Los papeles en estos cajones no son mediocres, no son basura, no son cuentas ni números telefónicos, no son facturas ni boletas para retirar una fotocopia, no son chequeras, no son cosas reemplazables, son ideas. Son pensamientos. Son reflexiones, historias, relatos, retazos, escenas, diálogos. Son secretos. Son un alma. No puedo imaginar peor susto que el que recibí cuando el día de ayer, al entrar a mi habitación, mi mesa de luz estaba vaciada. Mi alma se había esfumado, ni siquiera pudo irse hacia mis pies.
En un instante ya estaba donde  mi ordenadora madre se hallaba y rápidamente cuestione donde estaban mis pertenencias procedentes a mi mesita de luz. Mi progenitora respondió con un desdeñoso y cansado "No sé,por ahí". Pegue gritos, busque desesperada, hasta encontrar cada una de ellas, los folios con pendientes, los cuadernos con finales, los anotadores con ideas, las hojas sueltas de los diálogos, creo que está todo y no se traspapelo nada, aunque señores, espero que  entienda todas las lagrimas que derrame en el proceso, en segundos todos mis trabajos, salvando uno que otro que se encuentra en la computadora o aquellos que ya están guardados en una caja, habían desaparecido. Yo sé claramente que ella no lo hizo con malas intenciones, si no que intentaba llevar la limpieza a mi caótico cuarto, pero espero no lo vuelva a hacer.
Es por esto que le pido, nunca, pero nunca, se acerque al cajón de un escritor, me arriesgo a darle está arma a un villano para advertir aquellos que sin ser malintencionados pueden cometer tal desfachatez.
No creo mi reacción exagerada, porque eso fue como perderme a mi misma por un rato muy largo.
                                                                                                                                       VDF

miércoles, 28 de mayo de 2014

Mutismo selectivo

                                                                                                                               
Querido lector: 

Las calles del barrio eran silenciosas a esas horas tempranas, y el sueño me llevaba dirigiendo mis pasos a la  institución educadora, el frío de está mañana de prematuro invierno nos obliga a ir emponchados a transpirar en la tormentosa hora de educación física.Todos estos factores contribuyeron que las palabras de cortesía que se otorgan en las mañanas a quienes te cruzas fueran reducidas por mi persona  a pequeños gestos de cabeza. Fue tan así que una amiga muy cercana me pregunta jocosamente "¿Qué te pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones?" Una frase tan peculiar que muchos por estos lares habrán escuchado alguna vez, nadie sabe quien la ha dicho a la primera, pero atemoriza a los pequeños tanto como el cuento del cuco, así como para devolverle el don de la palabra al travieso que juega a la ley del hielo para cumplir sus caprichos. Pero en mí surgió un efecto absolutamente contrario. Movida por aquel comentario, me dispuse a pasar el resto de la mañana comunicándome sin la creación de silabas legibles. Me he arrebatado durante un par de horas el habla para observar el mundo sin intervenir en él.
Mi conclusión no puede más que sorprenderme, querido lector, si usted quiere alguna vez ser escuchado no haga más que guardar silencio. Quizás los lejanos no se percataran, pero sus cercanos, aquellos que muchas veces hablan encima suyo, sentirán curiosidad hacia este comportamiento. Le advierto,  llevar a cabo está práctica deliberada mucho rato creara a finales irritación por aquellos que buscan respuestas de su boca, pero son tan interesantes y variadas las reacciones que yo lo invito a intentarlo, por muy juego infantil que parezca. 

Estimado mio, lamento tener que informarle que el día de hoy no encontrara algo más profundo o emotivo, pasar el día callada no me ha dado tiempo para pensar, si no que me lo ha arrebatado al concentrarme en los efectos de mis actos, pero no se desanime, mañana será otro día y lo espero de nuevo aquí.                    
VDF

martes, 27 de mayo de 2014

Comenzando a manchar con tinta.

De una manera muy sencilla, quisiera dar apertura a este blog.
No tengo grandes expectativas para él, señor, si usted está aquí leyendo será por mera casualidad del destino y no por esfuerzo mio, no pienso promocionarme, no encontrara publicidad de estas páginas nunca y simplemente espero que pocos lo publiciten. Querido lector, le estoy compartiendo un secreto, un secreto bien profundo, porque aquí dejare escapar todos mis monstruos, los dejaré libres para que huyan, y no, no me arme de valor para la acción noble de arrojarlos a un diario oscuro donde nadie nunca pueda verlos, se los compartiré a usted, exista o no exista, este o no leyéndome detrás de su propio monitor, porque entre los monstruos escaparan ángeles, y no quiero acorralar a aquellos en las finas hojas de la prisión con candado, soy tan cobardemente valiente como para no querer que mueran en mí.
No sé preocupe, no lo dejare desarmado, junto a mis monstruos le compartiré los trucos para calmarlos, para no dejar que lo consuman.Querido lector, yo lo estimo mucho, nunca pondría su mente en peligro, sepa usted que todo lo que le divulgare, todas las manchas de tinta falsa que derramaré, no tendrán otro fin que mi deshaogamiento, de poner todos aquellos pensamientos cotidianos en algún lado, para no perderlos en la nada de mi mente, no tome mis palabras como más validas que las que podría exclamar cualquier adolescente.
Doy así comienzo a mi crónica, la crónica del margen en el mundo, una historia que se escribira renglón a renglón.